El
lenguaje, como el terrorismo, va dirigido a los civiles y genera miedo, ejerce
violencia simbólica o psicológica. Produce efectos más allá del significado. Las
palabras son como minúsculas dosis de veneno que pueden tragarse sin darse uno
cuenta. A primera vista parecen no tener efecto y luego, al poco tiempo, se
manifiesta la reacción toxica.
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